Fotoespacio

Domingo, 17 Octubre 2010 12:48

Saudek, Jan

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jan-saudek-350Jan Saudek nació en Praga, en la antigua Checoslovaquia, en 1935, ciudad en la que vive actualmente, sobreviviendo su poder creativo tanto a décadas de represión comunista y poscomunista, como a continuas negativas de críticos de arte de Europa Occidental y los Estados Unidos.

La obra de Jan Saudek está marcada sin duda por su perturbadora infancia. Estudió en la Escuela de Fotografía Industrial de Praga, entre 1950 y 1952, y seguidamente ejerció numerosos y variopintos oficios. Empezó a hacer fotos en su época de estudiante, y a pesar de la incipiente singularidad de su mirada se dedicó a un tipo de fotografía que pretendía reflejar la realidad cotidiana. Sus primeros trabajos personales fueron inicialmente fotografías en blanco y negro, donde comenzaba a adivinarse el estilo que lo haría famoso; cuerpos desnudos, un erotismo descarnado y en ocasiones obsceno, y un afán por hacer que sus instantáneas sugirieran historias al observarlas, que evocaran continuidad más allá de lo que reflejaba la imagen estática.

La mirada de Saudek es compleja, oscura, perturbadora en todos sus aspectos. Sexo, deseo, muerte, inocencia, lujuria, ironía, belleza, envejecimiento, se mezclan y compiten en su obsesiva figuración de realidades filtradas de emociones. Introducirse en las imágenes de Saudek resulta una experiencia inquietante, un ir y venir entre la atracción y la repulsión, entre la conciliación y la confrontación. Sus fotografías evocan verdades que se evaden cotidianamente, desde sus más amargas perspectivas, o desde la más intestina nostalgia. La vulnerable sensualidad de sus cuerpos es al mismo tiempo grotesca crueldad y enajenación. Imágenes de la alegría y la esperanza en constante conflicto con las de la tragedia y la desesperación, en ocasiones dentro de una misma obra.

Su combinación es implacable y provocadora. El conflicto y la interna fragmentación que trasmite resultan dolorosas. Reiteradamente permite descubrir los más profundos deseos, la dulzura y el placer, pero sin alejarse del recuerdo, del sufrimiento, de la mezquindad del mundo. Sus imágenes pretenden afirmar que la belleza, el amor y la compasión existen, pero a su vez que acaban siendo ilusorias y transitorias, que nada es suficiente, que la soledad, el tiempo, la desesperación o la muerte son inevitables.

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